
La diablura de tu boca
me sorba el sumo del sudor mezclado
en el cielo oscuro de tu palabra cruda.
Allí me pones en el pesebre de tu lecho
para hacer una fogata con mi árbol quieto
en tu raíz acrobática.
Me duermes con la canción de tu gemido
hasta volverme zombi con la mirada blanca
y me ruges como bestia absoluta en mi desvestida selvática.
Me hago humana en la mandíbula de tus besos
hasta romperme aires con la faz de madera calcinada
pero quiero ser tragada y digerida
donde caen mis borbotones de cascadas.
Muérdeme la queja manoseada hasta callarme el suspiro
Que me duelan esas manos suaves que me untas
para sentirme herida en tu clavo de sangre hinchada
hasta tragarme el vinagre de tu aliento y confundirlo con agua.
jueves, 12 de noviembre de 2009
ACTO
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