lunes, 16 de noviembre de 2009
domingo, 15 de noviembre de 2009
Metamorfosis de la voz de la poetisa Ketshándrivel Bermúdez
porque hay un volcán en plena evolución
y traga en su magma
No sé cuánto mide las distancias
pero es la duda una contestación de los sujetos
cuando ven mi camaleón arcorisado
Mira;
esa es mi boca en la tertulia de mi mano derecha.
Si me lees,
estoy de pie cosiendo ruedos de estrofas
con la aguja de la intuición
Sé tan poco de mí,
En serio que tengo espermatozoides en la voz
y fecundo oídos
para que forniquen con mis dulces mientras
pujan mi afán de verlas nacer
para llamarlas fe
REQUISITOS
Para que lean tus versos en estas fechas
en la península del amiguismo
tienes que dejarte lamer las orejas.
Sembrarte un tiesto de adulaciones
en la pendiente de la lengua
con la erudición en el sabor de cada sílaba.
Arrastrarte en el paso por la estampida
de los versados absolutos “oda a sí mismos”
quienes ante tu letra posan la lupa
y buscan lepras para compararte con muertos.
Montan espejos para verse la faz lavada
Narcisos de pura cepa
fieras repletas de páginas estrujadas.
Que maldicen las rimas por crearlas obsoletas.
Intelectuales de biografías llagosas.
Te recomiendo que si eres un poeta renegado
entierres tus versos en cada esquina
para que los arqueólogos te salven
o espera a morir,
que para entonces
estarás de moda.
Desde el desconocimiento de tu presencia
suponerte aras la tierra conmigo en el campo estéril
en donde cualquier semilla que intentemos progresa
porque somos abono de sudores.
¡Me hace suspirar!
Imaginar cómo se descarga tu sed en el cansancio
donde mi mirada de piedades te acaricia
y no puedo abrazarte porque me castiga la hormona.
Son esas veces en donde odio ser nena…
De lejos, con el vestido manchado de clorofila
mi imaginación te siembra una flor
y sin tu polen
mis zánganos no saben qué hacer con sus vidas.
Cuando sea un vejestorio

entenderé la normalidad de la injusticia.
Me gustó ser joven y fajar toreros
con la cornada de mis ojos mentirosos.
Escapé del amor a toda velocidad con virtudes de agua.
Mecí mi intensidad por todas partes como si fuese una nana.
Abracé el adiós y lloré mi risa con ruidos de bruja.
Me burlé de las burlas de la vida con mi sarcasmo malsano.
Presumí perversiones.
Comulgué corazones como tragamonedas.
Adoré al sol como Inca y Azteca.
Masturbé al Diablo con mis afanes de Venus
hasta cuadrarle el perdón mientras se vino.
Luego lo abandoné para arrodillar mi ateísmo
e implorar el indulto a las once mil vírgenes y al único Cristo.
Seré una anciana con la Biblia como desodorante de sobacos
y predicaré mi santidad convencidísima
de tapar mis errores con los salmos.
Impresiones de niña

A la mujer que puja su llanto de señora.
Al padre que se aborta de un amor extinto
y se vuelve moneda para amar a los hijos.
A la nueva maestra que memoriza un nombre
aquel primer día que se pisó una escuela
y el arco de las puertas que cantan coros de gritos
de niños destetados de las faldas abuelas.
Me acuerdo del vacío del mundo ante mis ojos
cuando cruce la calle y frenaron de horror
para verme a la cara con el gesto inocente,
yo sonreía entonces frente a semáforos verdes
sin saber que la vida dependía de un color.
Nacer les duele a otros, a la fe de los curas
que le inventé pecados en cada confesión.
donde el olor a mirra me inundaba la jaula
y era divertido fingir la reflexión.
El primer recogido del cuerpo que me carga
con sus aditamentos que reaccionan al tacto
lo conocieron mis dudas con la boca cerrada
donde me afectó el drama de la Virgen María
y le pedí a Dios que nunca me violara.
DIOS TODO MALTRADO…
Padre nuestro que estás en el espacio
y que perdiste las coordenadas de la Tierra.
Regálame inquietudes para inventar repuestas
con mis disparates y no permitas
que me crea el cuento de los simios
o que me hiciste con tu gargajo divino
de la raquítica costilla de un hombre…
¿y de allí la miseria?
Dios, me da pena contigo
Porque muchos de tus hijos
te ponen en vergüenza.
Si fueras vengativo te sugiero que pongas
en las rodillas hipócritas de quienes te rezan
una diabólica artritis y plagas nuevas
Que lloren al intentar ponerse de pie.
los que con tanta fe te piden clemencia
en la consumación de sus pecados…
¡Oh padre, pobre de ti!
Señor nadie te pregunta cómo te va y si sufres.
Llora en mis hombros de hereje que aquí estás seguro
y no te pido chavos ni salud.
Te amo porque eso me lo inculcó la cultura de los débiles.
Dame todas las tentaciones del mundo para demostrarte
que sin Biblia te obedezco en el instinto noble que me diste.
No soporto a este mundo, Señor…
¡qué mala idea se te ocurrió con eso del albedrio!
Por ejemplo: El matón te ruega inmunidad
y el ladrón tu manto para hacerse invisible ante la justicia.
El adultero te pide no perder el amor de ninguna amante
y el resto te pide espacio en la gloria de tu cielo.
A mí déjame en el limbo que siempre me las arreglos.
Pero no me pidas que vaya a una iglesia
porque no soporto el mal rato
de socializar con tus bestias.
¡Dios todo poderoso piedad de mi
protégeme de los discursos,
atalayas,
predicaciones!
Ponme en la boca de un león
¡Pero por piedad
…sálvame de tus “cristianos”!
Beso denegado

Tu boca me imantaba radiaciones de entregas,
pero yo soy tan mía que ni en robo me presto.
Me hago sorda al mar y ciega ante los cielos.
Es la buena costumbre de custodiarme tanto.
Por esa desnudez tan frágil que derrocho…
Con las coqueterías de mis desquicios tibios,
yo no me doy ni cuenta cómo paseo los ojos.
Sé que mi timbre toca la puerta del deseo
con lujuria benigna que lanza un hombre al suelo…
Conozco los aires que soplo hecha viento…
y el aroma que atrae las mordidas al cuello.
A veces yo quisiera arrancarme este sexo
y cada facción suelta que arrebate suspiros.
Reducirme los senos a tamaños discretos
para alaciar las curvas y prevenir desvíos…
A veces yo quisiera quitarme estos dulces
para posarme sosa por cada nutrimento.
Sin que estos sabores pierdan la efervescencia
y quede desprovista del catador correcto.
Yo tengo que ser menta de palabras altivas.
Zafada de promesas infatuadas en mí tinta.
Conozco el hipnotismo del reloj de mis versos,
es que las cobras muerden al concluir boleros.
Si yo no te besé,
no fue que no quisiera…
(Es que quiero saber si un poeta puede dejar de elevar trampas…
pues soy todo un océano con gotas de carnadas).
¡Tramposa vil tramposa y encaprichada alma!
¡Que mastica glotona el espíritu mismo…!
¿Qué tal si tú me besas y me rapta tu sombra,
o que con eses beso me cambies el destino…?
Juego y cansancio

Jamás entenderé el juego de las manos.
Qué fácil es tocarse,
¡qué difícil sentirse!
Los besos se atropellan en las mentiras ricas
de aprovechar las horas
sobre la piel más triste.
¿Y no te haz dado cuenta del pisotón dejado?
¿No ves en lo invisible maltrato de otras manos?
Se habrá desvanecido el beso que di ayer,
pero no se me borra la sensación que amé.
De aquél que se fugó llevándose en enredos
los lazos de pasión que ataban confianza.
Si fuera a compararme con algo que va al viento;
me temo que de golpe mi ex no respirara.
No toques la tormenta ni intentes soplar ramas.
Por estos huracanes ya estoy damnificada.
Por vivir sin amor bajo algún techo seco
tengo miedo que mi alma termine odiando al cuerpo.
Maltrato del mar

Ayer sobre la arena una ola de espuma
se atrevió a tocarme con un dedo de sal.
A ver si estaba viva en la orilla de su morgue
o era una víctima de algún crimen fatal.
Cuando por las reacciones gritó el frío mío
la ola se encogió como animal en espanto
y con su alegría de ver que estoy tan viva
me dio un abrazo azul que me privó del aire.
En su abrazo querido, me rodó entre las algas
Acarició la sangre con sus besos de piedras.
Me lanzó en su ola al abrazo siguiente
y me alejó de la orilla en su rapto de arenas.
La fiesta de las olas aplaudía mi cuerpo
como la multitud que idolatran estrellas.
Conocí a Neptuno en una cena informal
donde comía ostras que me sabían a perlas.
Después de conocer el coral de los fuegos
y ver cien tiburones danzándome sus hambres
Nadé por la inconsciencia al borde de cederme
y la muerte me miró y prefirió ignorarme.
El mar se percató de mi debilidad
y con su culpa enorme me devolvió a la orilla,
donde la misma ola con miedo de matar
me tocó otra vez a ver si estaba viva.

