domingo, 15 de noviembre de 2009

Beso denegado


Si no te di un beso, no fue falta de ganas.
Tu boca me imantaba radiaciones de entregas,
pero yo soy tan mía que ni en robo me presto.
Me hago sorda al mar y ciega ante los cielos.

Es la buena costumbre de custodiarme tanto.
Por esa desnudez tan frágil que derrocho…
Con las coqueterías de mis desquicios tibios,
yo no me doy ni cuenta cómo paseo los ojos.

Sé que mi timbre toca la puerta del deseo
con lujuria benigna que lanza un hombre al suelo…
Conozco los aires que soplo hecha viento…
y el aroma que atrae las mordidas al cuello.

A veces yo quisiera arrancarme este sexo
y cada facción suelta que arrebate suspiros.
Reducirme los senos a tamaños discretos
para alaciar las curvas y prevenir desvíos…

A veces yo quisiera quitarme estos dulces
para posarme sosa por cada nutrimento.
Sin que estos sabores pierdan la efervescencia
y quede desprovista del catador correcto.

Yo tengo que ser menta de palabras altivas.
Zafada de promesas infatuadas en mí tinta.
Conozco el hipnotismo del reloj de mis versos,
es que las cobras muerden al concluir boleros.

Si yo no te besé,
no fue que no quisiera…
(Es que quiero saber si un poeta puede dejar de elevar trampas…
pues soy todo un océano con gotas de carnadas).

¡Tramposa vil tramposa y encaprichada alma!
¡Que mastica glotona el espíritu mismo…!
¿Qué tal si tú me besas y me rapta tu sombra,
o que con eses beso me cambies el destino…?






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