domingo, 15 de noviembre de 2009

Metamorfosis de la voz de la poetisa Ketshándrivel Bermúdez

Hay veces que mi voz se agrieta en su sismo
porque hay un volcán en plena evolución
y traga en su magma
la pasión primitiva que me quema.

No sé cuánto mide las distancias
del yo que me abandona,
pero es la duda una contestación de los sujetos
cuando ven mi camaleón arcorisado
entre la luz y la sombra.
Mira;
yo beso con la lengua de la pluma
esa es mi boca en la tertulia de mi mano derecha.
Si me lees,
estoy de pie cosiendo ruedos de estrofas
con la aguja de la intuición
que encontré entre las pajas.
Sé tan poco de mí,
pero hay una profecía que me sospecha.
En serio que tengo espermatozoides en la voz
y fecundo oídos
y hago parir con dolores a otras bocas
para que forniquen con mis dulces mientras
pujan mi afán de verlas nacer
para llamarlas fe
ante el desasosiego del mundo.


REQUISITOS
Para que lean tus versos en estas fechas
en la península del amiguismo
tienes que dejarte lamer las orejas.
Sembrarte un tiesto de adulaciones
en la pendiente de la lengua
con la erudición en el sabor de cada sílaba.
Arrastrarte en el paso por la estampida
de los versados absolutos “oda a sí mismos”
quienes ante tu letra posan la lupa
y buscan lepras para compararte con muertos.
Montan espejos para verse la faz lavada
Narcisos de pura cepa
fieras repletas de páginas estrujadas.
Que maldicen las rimas por crearlas obsoletas.
Intelectuales de biografías llagosas.
Te recomiendo que si eres un poeta renegado
entierres tus versos en cada esquina
para que los arqueólogos te salven
o espera a morir,
que para entonces
estarás de moda.

EN MI MENTE
Desde el desconocimiento de tu presencia
suponerte aras la tierra conmigo en el campo estéril
en donde cualquier semilla que intentemos progresa
porque somos abono de sudores.
¡Me hace suspirar!
Imaginar cómo se descarga tu sed en el cansancio
donde mi mirada de piedades te acaricia
y no puedo abrazarte porque me castiga la hormona.
Son esas veces en donde odio ser nena…
De lejos, con el vestido manchado de clorofila
mi imaginación te siembra una flor
y sin tu polen
mis zánganos no saben qué hacer con sus vidas.

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