domingo 15 de noviembre de 2009

Cuando sea un vejestorio



Cuando el tiempo se enoje con el harapo de mi cuerpo
entenderé la normalidad de la injusticia.
Me gustó ser joven y fajar toreros
con la cornada de mis ojos mentirosos.
Escapé del amor a toda velocidad con virtudes de agua.
Mecí mi intensidad por todas partes como si fuese una nana.
Abracé el adiós y lloré mi risa con ruidos de bruja.
Me burlé de las burlas de la vida con mi sarcasmo malsano.
Presumí perversiones.
Comulgué corazones como tragamonedas.
Adoré al sol como Inca y Azteca.
Masturbé al Diablo con mis afanes de Venus
hasta cuadrarle el perdón mientras se vino.
Luego lo abandoné para arrodillar mi ateísmo
e implorar el indulto a las once mil vírgenes y al único Cristo.
Seré una anciana con la Biblia como desodorante de sobacos
y predicaré mi santidad convencidísima
de tapar mis errores con los salmos.