
Cuando el tiempo se enoje con el harapo de mi cuerpo
entenderé la normalidad de la injusticia.
Me gustó ser joven y fajar toreros
con la cornada de mis ojos mentirosos.
Escapé del amor a toda velocidad con virtudes de agua.
Mecí mi intensidad por todas partes como si fuese una nana.
Abracé el adiós y lloré mi risa con ruidos de bruja.
Me burlé de las burlas de la vida con mi sarcasmo malsano.
Presumí perversiones.
Comulgué corazones como tragamonedas.
Adoré al sol como Inca y Azteca.
Masturbé al Diablo con mis afanes de Venus
hasta cuadrarle el perdón mientras se vino.
Luego lo abandoné para arrodillar mi ateísmo
e implorar el indulto a las once mil vírgenes y al único Cristo.
Seré una anciana con la Biblia como desodorante de sobacos
y predicaré mi santidad convencidísima
de tapar mis errores con los salmos.
entenderé la normalidad de la injusticia.
Me gustó ser joven y fajar toreros
con la cornada de mis ojos mentirosos.
Escapé del amor a toda velocidad con virtudes de agua.
Mecí mi intensidad por todas partes como si fuese una nana.
Abracé el adiós y lloré mi risa con ruidos de bruja.
Me burlé de las burlas de la vida con mi sarcasmo malsano.
Presumí perversiones.
Comulgué corazones como tragamonedas.
Adoré al sol como Inca y Azteca.
Masturbé al Diablo con mis afanes de Venus
hasta cuadrarle el perdón mientras se vino.
Luego lo abandoné para arrodillar mi ateísmo
e implorar el indulto a las once mil vírgenes y al único Cristo.
Seré una anciana con la Biblia como desodorante de sobacos
y predicaré mi santidad convencidísima
de tapar mis errores con los salmos.

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