Me toco suave las manos para lubricar mi labia.
El diccionario abre su ingle en mi sabotaje de dedos.
Encuentro la palabra
y se me entrega para coser botitas
en lo que nace esta estrofa.
La generación espontánea
me fertiliza la punta del lápiz
para poner huevos maduros
en la locura del borrador.
Me siento en el nido de mi silla azul
a lamer hombres por antojo del estado.
Me crece el alma en nueve minutos
donde estoy lista para pujar cuartetos.
Dilato mi silueta para meter vida al verso,
ya de embrión se teje en comas hasta feto
para nacer bastardo pero con madre…
Viene al mundo gris y ensangrentado de errores gramaticales
o hermafrodita en su plural.
Le doy nalgadas para que busque aire
y llore el título.
Lo pongo en una canasta de dudas
¡que lo críe el crítico!
Tiene el DNA de mis pasiones
y se parece a algo que ya alguien hizo.
Lo abandono para que crean que fue Gioconda Belli su autora.
Porque Ketshándrivel se lo plagio al esfuerzo
con la intención de creerse poeta
o confirmarse desquiciada…

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